Presos, palos y golpes con sabor cucuteño
Luís Alfredo Rapozo
Ya el gobierno se ve al final del camino , puede pensar
cualquier cristiano cuando observa a Maduro histérico pegando gritos en un
templete; inventando escenarios de guerra civil, promoviendo la violencia con
sus tarifados, usando a la guardia nacional de huele peo y colocando al CNE
como promotor de obstáculos en el proceso para ejecutar el revocatorio. Yo
entiendo, que la viveza criolla obliga a defenderse como dicen ellos- y que no
la pondrán fácil, pero debe haber un mínimo de dignidad; algo de honorabilidad
y transparencia democrática para vivir en medio de unas reglas de juego que
pauta la misma Constitución Nacional.
En ese sentido, uno entiende que el gobierno de Maduro ha
perdido apoyo popular, para que el
hombre de Cúcuta se comporte con semejante culillo al ver de cerca el
hacha que le va a cortar la cabeza. Es evidente, que en los sectores populares,
mucha gente se ha quitado la franelita roja al sentir el mal gobierno en el estómago;
y entonces no le salva la vida al
cucuteño con el pretexto que el precio del petróleo se cayó. Pero uno se
pregunta Cómo es posible que un país que recibió tanto dinero, solo tenga de
vaina 12 mil millones de dólares pírricos en sus cuentas y no se pueda
garantizar la salud y la alimentación de su pueblo después de 17 años de
gobierno. La pinga-como decía Bolívar-, a estos pajuatos hay que expulsarlos como
a una gata ladrona del Poder, urgentemente. No pueden seguir allí, mostrándonos
esa cara de irresponsables: Deben pagar con la guillotina.
Tal vez, en otro momento histórico, y con otras
condiciones-piensa uno, como tratando de dar una clase-, este gobierno hace
tiempo que se hubiese caído por “maloso”, pero ha tenido apoyo de un sector
militar, que se ha embadurnado las manos de dólares y que ha utilizado la
política barata sustentada en sus supuestas hazañas revolucionarias y
patrioteras para sostener al cucuteño guindando en hilos de telaraña. Sin
embargo, me parece que el desgaste que tienen las FANB hace que el cuarto se
llene de agua.
Yo particularmente, percibo que este gobierno mediocre, no
está gobernando. Ni que pongan a funcionar 500 motores con la ilusión de superar el momento como si
fueran un Mandrake: no se observa avance. De ninguna manera se observa progreso
y no hay sensación de que estén saliendo del hueco. No señor. Hace poco,
Aristóbulo decía que en unos tres años se verían los resultados de sus motores
y entonces, casi me fui en vómito porque no podía soportar semejante planteamiento,
sin sustentación científica alguna. Este negrito vicepresidente, me quiere
engañar como a un niño-pensé-. No vale, este gobierno no va a poder salir del
infierno que nos tiene metido y por eso se ven explosiones sociales,
desesperanza, saqueos y el desastre cotidiano que impide comer y vivir tranquilo. Creo que estamos
viviendo horas para ir a buscar a Maduro a Miraflores y sacarlo a sombrerazo
limpio.
Entonces, usted apreciado lector, puede ver al loco de
carretera de Diosdado ofreciendo cárcel a cualquier cristiano en su programa de
esbirros y chismes; por eso el gobierno del cucuteño afila la represión, llena
las cárceles de estudiantes y cualquier sujeto que caiga en desgracia con ollas
montadas y con cualquier pretexto, usando la policía nacional y la guardia
nacional que se convierten en puta de pueblo. Nosotros no somos la Isla de Cuba, dónde Fidel
aplicó la receta del fusilamiento y la represión más cruda. No, mi hermano, Así
Maduro se aísle, rompa relaciones con el mundo, nosotros no nos dejaremos
someter más, ni nos quedaremos tranquilos, aceptando esa bota de esbirro y un
sujeto que no está capacitado para administrar un país. Es evidente, que la
opinión pública está caliente, activa y exige cambio. No tengo la menor duda. La
comunidad internacional esta atenta de lo que pasa en Venezuela., donde la
democracia se fue de rumba. Ya es evidente que el gobierno quiere impedir el
revocatorio, pero qué va a hacer para mantenerse-me pregunto-. Pienso que
debemos estar atentos cada hora sobre todo lo que pasa en nuestro país, porque
estamos montados en un polvorín

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