jueves, 14 de agosto de 2014

“Escasez ha desquiciado al venezolano”



“Escasez ha desquiciado al venezolano”, asegura sociólogo

Publicado el Jueves, 19/Sep/2013
“¡Llegó al mercado! Fulanita me mandó un mensaje. Dice que está haciendo la . Vamos para allá a ver si aún hay”. “Ayer conseguí papel ‘tualé’. Dejaban llevar dos por persona. La cola era horrible, pero igual la hice”. Frases como éstas se escuchan a diario. Tener dinero y no poder se ha convertido en el a día del venezolano, quien ha visto desaparecer y aparecer de los anaqueles distintos productos de la cesta básica.
Tener dinero y no poder comprar se ha convertido en el día a día del venezolano, quien ha visto desaparecer y aparecer de los anaqueles distintos productos de la cesta básica. Notitarde/ Mauricio Centeno
Muchos son los factores que han cambiado al venezolano, pero ha sido la escasez de alimentos la problemática que más influencia ha tenido en la sociedad, y que ha llegado a generar desesperación, molestia, violencia, rabia, impotencia y muchas otras sensaciones que, salvo la época de El Caracazo, no se habían sentido en la población, reseña la periodista Ketherine Ledo del diario Notitarde
Para el sociólogo Francisco Coello, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab); la desaparición de alimentos de primera necesidad de los supermercados, ha desquiciado a la sociedad venezolana por ser éste un tema particularmente sensible, ya que toca lo más esencial de la vida de la gente, que es su sobrevivencia y el funcionamiento de su familia.
Asegura que esa desesperación, que últimamente se ve a diario en los mercados, es lógica, ya que no se está hablando de comprar un carro de lujo o un anillo de oro, sino de la comida; eso ha hecho que en Venezuela haya una población desesperada y además distorsionada.
Yes que según explica, la gente ya no hace una vida normal sino que interrumpe cualquier actividad que esté desarrollando para entrar a un abasto por donde pasó para ver si consigue “de esto o de aquello”.
“De un tiempo para acá tú ves al ciudadano común, de cualquier estrato social, cargando una bolsita con dos harina PAN, con dos paquetes de papel, o una mantequilla porque donde ve que hay se detiene y compra”, relata.
Ciudadanos de segunda
El problema de la escasez de alimentos inclusive ha empezado a desarrollar mecanismos de distribución adicionales y ha obligado a muchos caraqueños que tienen familia en el interior del país, a enviar comida por encomiendas.
“El Gobierno ha convertido a todos los ciudadanos que están fuera de la Gran Caracas en ciudadanos de segunda, tal como sucedió con el racionamiento eléctrico de hace unos años, cuando hubo apagones en todos los estados del país menos en Caracas, como si es que el venezolano que está fuera de la capital no es tan venezolano como el que sí lo está”, explica.
El sociólogo relata que incluso familias de otros estados alquilan vehículos para ir a hacer mercado a Caracas, donde la escasez no ha golpeado tanto a la población como en el resto del país. “Eso literalmente está desquiciando a la gente. Porque las personas tienen que trabajar, atender a su familia, necesitan recrearse y la escasez no los deja”.
Eso explica por qué, de un tiempo para acá, muchos supermercados en Caracas permanecen abarrotados, y es porque está llegando gente que normalmente haría sus compras en otra parte, pero que por la escasez, ahora viajan hasta allá.
El especialista asegura que la falta de alimentos ha empeorado la calidad de vida de las personas, disminuyendo a su vez la calidad de sus expectativas, y el conjunto de todo eso es una sociedad más mediocre, que está aferrada a cosas tan básicas como una harina PAN.
La misma problemática ha hecho que los hábitos alimenticios cambien, porque hoy se consigue leche descremada, la semana que viene, si hay suerte, se consigue leche completa; la otra hay leche completa pero en polvo, y así sucesivamente; entonces se vive en un permanente “ajustarse a lo que haya”.
Situaciones y reacciones violentas en supermercados
Las colas en los supermercados cada vez son mayores y el desespero por poder tener aquello que escasea ha llegado a desatar situaciones y reacciones violentas.
Ver ventas controladas de productos, inclusive con apoyo de funcionarios de cuerpos de seguridad, cada vez es más común, así como las discusiones entre personas.
Francisco Coello asevera que todo eso es producto de la desesperación ya mencionada y no descarta que estos conatos se disparen cuando llegue la temporada decembrina.
En un país donde la hallaca es el plato típico por excelencia en la cena del 24 y 31 de diciembre, una escasez de harina de maíz de esta magnitud fácilmente podría borrar sonrisas y apagar la alegría en muchos hogares.
Sin embargo, Coello no descarta que el Gobierno Nacional ponga en marcha un plan de contingencia que permita abastecer un poco los anaqueles, para no llevar el 8-D a las urnas de votación, a unos electores molestos y resentidos, ya que esto podría afectar seriamente a los candidatos “rojitos” en las municipales.
¿Quiénes hacen la cola?
El problema de la escasez es particularmente complicado y tiene muchas aristas. Está propiamente el problema de por qué surge la escasez, por qué existe la dificultad en la distribución de alimentos; pero también está el problema social que implica tener que perder mucho tiempo yendo a diferentes sitios, lo cual genera costos adicionales, sobre todo para las personas más humildes.
No obstante, a pesar de necesitar el rubro, no todas las personas están dispuestas a hacer la cola. El sociólogo asegura que para eso también hay una explicación.
Y es que hay personas que simplemente no hacen la cola porque no tienen tiempo. Muchos están en sus trabajos y deben cumplir con sus compromisos laborales. Luego está la persona, que aunque tenga el chance de hacerla no la hace porque se niega a la humillación.
Coello explica que muchos venezolanos perciben ese tiempo en cola como una ofensa y una violación a su derecho a la alimentación, de allí que no estén dispuestos a formarse para además tener que comprar la cantidad de productos que el supermercado le permita, y finalmente está el ciudadano que hace la cola porque no tiene más opción y porque la necesidad lo obliga.
Un venezolano que no se resigna
El profesor Francisco Coello coincide con muchos otros especialistas en que el venezolano es noble y alegre por naturaleza y confía en que, a pesar de todo el daño que le ha hecho el Gobierno, no se resigna a vivir así por siempre y aún lucha por recuperar la tranquilidad y el civismo que ha perdido de manera progresiva.
Dice que aún hay un deseo de entenderse y persiste esa actitud solidaria, que no se ha logrado destruir completamente.
En relación a la desesperación, rabia, depresión y reacciones violentas como consecuencia de la escasez, afirma que todo eso desaparecerá cuando los anaqueles luzcan abastecidos semana tras semana calmando así la angustia que genera tener dinero y no conseguir qué comprar.
Notitarde/JP

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